El 24 de febrero, en una conferencia de prensa en Washington, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, anunció un paquete de sanciones económicas sin precedentes contra Irán, calificando la iniciativa como un “Día D económico”. Esta ofensiva busca debilitar las finanzas del régimen de Teherán y forzar el fin de las hostilidades en la región, así como la reapertura del estratégico Estrecho de Ormuz.
Bessent declaró que estas medidas, enmarcadas en una campaña de asfixia financiera, tienen como objetivo cortar todos los canales económicos que sostienen al gobierno iraní. Esto implica el uso de sanciones secundarias que afectarán a cualquier entidad que mantenga lazos comerciales con Irán, mencionando que “cualquier entidad que facilite el lavado de dinero en nombre de Irán será excluida del sistema del dólar estadounidense”.
Además, el secretario del Tesoro identificó cinco sectores cruciales como el comercio de oro, activos digitales y criptomonedas, tecnología, aviación comercial y transporte marítimo, que estarán bajo estricta vigilancia. Las sanciones se formalizarán en breve, apuntando a una entidad bancaria internacional que está en la mira de las autoridades estadounidenses.
Por su parte, Donald Trump ha intensificado sus esfuerzos diplomáticos, contactando a líderes mundiales para presionar por la interrupción inmediata de las transacciones con Irán. Las sanciones se producen en un contexto de tensión, donde el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, Esmail Baghaei, ha advertido que estas acciones no traerán la paz y las describió como un “acto de guerra”.
En respuesta a la depreciación del rial iraní, que recientemente alcanzó niveles históricos, Teherán ha solicitado el levantamiento del bloqueo naval y la retirada militar estadounidense como condiciones para normalizar la navegación en el Estrecho de Ormuz, donde circulaba un quinto del crudo marítimo global.
Desde China, la Cancillería también expresó su rechazo a las sanciones, enfatizando que estas medidas unilaterales únicamente agravarán las tensiones y afectarán la estabilidad económica global.
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