La deuda nacional de Estados Unidos superó el miércoles 19 de agosto los 40 billones de dólares, un hito que, según analistas, evidencia una crisis fiscal creciente en el país. Este aumento se debe en gran medida a los incrementos en los costos de defensa y los programas sociales, como la Seguridad Social y Medicare.
La Fundación Peter G. Peterson, especializada en retos fiscales, destacó que si la deuda federal fuera repartida entre la población, a cada ciudadano le corresponderían algo más de 117.000 dólares. Esta cifra se registra apenas cinco meses después de alcanzar los 39 billones de dólares en marzo y representa el doble de lo que era al inicio del mandato de Donald Trump.
Kush Desai, portavoz de la Casa Blanca, defendió que la administración Trump había intentado reducir el despilfarro y estimular el crecimiento económico, buscando mejorar la relación entre la deuda y el Producto Interno Bruto (PIB).
A pesar de esto, expertos advierten que el incremento de la deuda podría acarrear serios riesgos fiscales. Los costos de los programas sociales y los intereses de la deuda han superado los ingresos, que ya se han visto afectados por recortes de impuestos.
Michael A. Peterson, director ejecutivo de la Fundación Peterson, indicó que factores demográficos, como la jubilación masiva de la generación de “baby boomers”, están contribuyendo al problema. Esta generación comienza a retirarse, con 10.000 estadounidenses alcanzando los 65 años cada día, lo que aumenta la presión sobre el sistema de pensiones.
Los ciudadanos ya sienten el impacto de este récord en sus bolsillos. Las tasas de interés han aumentado, encareciendo préstamos para hipotecas y automóviles, lo que a su vez ha llevado a empresas a reducir salarios por la falta de capital para invertir. Una creciente desconfianza de los acreedores podría estar repercutiendo en mayores tasas de interés.
En conjunto, Estados Unidos gasta alrededor de 7 billones de dólares anuales, de los cuales 1,1 billones se destinan al pago de intereses de la deuda. A medida que esta continúa creciendo, el Gobierno se encuentra cada vez con menos recursos para financiar programas sociales, que constituyen el 60% del presupuesto anual.
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