El presidente del CONICET, recientemente designado durante la gestión de Javier Milei, provocó una fuerte reacción en redes sociales tras defender el nivel de las becas otorgadas a los investigadores. En una controversial declaración, afirmó que “un becario cobra 1,2 millones” pero que estos profesionales deberían complementar sus ingresos a través de clases en universidades o trabajos en empresas.
Esta afirmación desató una ola de críticas, ya que muchos cuestionan por qué un becario que se forma y trabaja en el principal organismo de investigación del país debería depender de un segundo ingreso para llegar a fin de mes.
La polémica surge en un contexto de debate sobre el financiamiento de la ciencia en Argentina y el lugar que ocupa el CONICET en las prioridades del gobierno actual. La indignación generalizada pone de relieve las problemáticas que enfrentan los investigadores, quienes, a pesar de su dedicación, ven cuestionados sus salarios en un ambiente de crecientes dificultades económicas.
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