En Porto Alegre, capital del estado de Rio Grande do Sul en el sur de Brasil, aún quedan huellas visibles de las devastadoras inundaciones que asolaron la ciudad hace dos años. Las calles están llenas de escombros, hogares anegados y negocios destruidos, reflejando el impacto del desastre climático de mayo de 2024, que dejó 183 muertos y desplazó a más de 600,000 personas.
El barrio Sarandi fue uno de los más afectados, donde las aguas alcanzaron hasta cinco metros por encima de lo normal. Luis Rogério “Jamaika” Machado, un líder comunitario en Sarandi, sostiene que las secuelas emocionales persisten en quienes perdieron todo. “La mayoría de la gente todavía sufre las consecuencias mentales de la inundación; muchos se encuentran profundamente deprimidos y sin poder reconstruir sus casas.”, señala.
Con la inminente llegada de otro fenómeno de El Niño, que se espera cause fuertes lluvias y nuevas inundaciones, la angustia en las comunidades afectadas se intensifica. En junio, las primeras tormentas derivadas de esta condición climática ya causaron daños en al menos 200 municipios, dejando a 1,800 personas sin hogar.
”Nuestra casa quedó completamente sumergida. Perdimos todo”, comenta Suelen Telles, quien vive en Sarandi. Su temor se une al de muchos otros, quienes, tras haber sido arrastrados por las aguas, ahora enfrentan la incertidumbre de que el desastre se repita.
El alcalde Sebastião Melo afirma que se han llevado a cabo reparaciones en los sistemas de drenaje y en las defensas contra inundaciones, asegurando que la ciudad está ahora más protegida. Sin embargo, muchos habitantes opinan que las soluciones implementadas son insuficientes y, en las áreas más vulnerables, como Ilha Grande dos Marinheiros, la infraestructura sigue siendo precaria.
Los críticos de la administración, incluyendo el movimiento de personas afectadas por represas (MAB), advierten que los sistemas de protección contra inundaciones permanecen incompletos y cuestionan la respuesta gubernamental. “Instalaron sirenas de emergencia, pero no sabemos adónde ir si suenan”, expresa Leonardo Bauer Maggi del MAB.
A pesar de que se han afirmado que hay un plan de evacuación, muchas comunidades no han visto detalles concretos. La falta de infraestructura adecuada y de planificación ha llevado a que muchos sientan que la ayuda gubernamental es escasa o tarda en llegar.
Jamaika menciona que la situación de las familias en su quilombo aún es crítica, con un gran número sin poder recuperarse. En 2024, el gobierno federal otorgó una ayuda de reconstrucción, pero muchos argumentan que la cantidad es insuficiente para reintegrarse a la normalidad. “Es prácticamente imposible reconstruir una vida con apenas 5,000 reales”, lamenta.
Las acusaciones contra las autoridades por utilizar las inundaciones como pretexto para desplazar a los ciudadanos más vulnerables han crecido, con alertas sobre la gentrificación de áreas previamente habitadas por los más pobres que ahora son remodeladas para beneficiarios más adinerados.
Con el retorno de El Niño y la falta de respuestas adecuadas frente a la crisis climática, las comunidades de Porto Alegre se encuentran, una vez más, en una situación precaria, temiendo que la historia se repita en un ciclo sin fin.
Artículos Relacionados
Clases en Mendoza: actividad normal a la mañana, pero con cambios por viento Zonda
26/8/2026
La tormenta de Santa Rosa llega a Buenos Aires con intensas lluvias
26/8/2026
Aumento de temperaturas en AMBA; se pronostican lluvias para mañana
26/8/2026
ADVERTENCIAS CLIMÁTICAS EN EL PAÍS: BAJAS TEMPERATURAS Y NEVADAS EN LA CORDILLERA
25/8/2026