En Palmira, un municipio ubicado en el suroccidente de Colombia, las morgues están colapsadas tras recibir casi 200 cadáveres a pesar de tener una capacidad para apenas 20. Las familias de las víctimas del reciente terremoto que sacudió Cali el 10 de agosto están experimentando demoras alarmantes en la entrega de los cuerpos, lo que ha suscitado protestas y denuncia de inequidades.
Helpers y espera agónica
Frente a la morgue, docenas de personas esperan a la intemperie, sintiendo el dolor de haber perdido a sus seres queridos en el desastre natural. Un hombre de la Fiscalía les pidió que hicieran filas para registrar sus nombres, pero muchos llevan casi cuatro días sin lograr que les entreguen los cuerpos. Katherine Reyes, una de las afligidas, llegó desde Chiquinquirá en busca de su hermana, Laura Johana Reyes, fallecida en el sismo. A pesar de haber sido informada de que recibiría el cuerpo, se vio obligada a esperar nuevamente sin una respuesta clara.
El olor putrefacto y las altas temperaturas dificultan aún más la situación, haciendo que las condiciones en el lugar sean inaguantables. La morgue no tenía congeladores suficientes para almacenar los cuerpos, lo que agrava los riesgos sanitarios.
Diferencias en el acceso
El director nacional de Medicina Legal, Ariel Cortés, explicó que han recibido un total de 250 cuerpos por el terremoto, de los cuales han sido entregados 191. Sin embargo, de los 62 cuerpos que aún están esperando en Palmira, se observan diferencias en la rapidez de las entregas. Algunos reciben a sus seres queridos en cuestión de horas, mientras que otros deben esperar días, lo que ha generado quejas entre las familias.
Las demoras y el dolor palpable
El protocolo para la entrega de cuerpos ha resultado ser confuso y sin claridad. Muchos familiares cuestionan la falta de comunicación y transparencia en el proceso, mientras que el director reconoció que existen fallas en el sistema, aunque negó que las influencias puedan acelerar las entregas.
Los residentes del área han mostrado solidaridad, ofreciendo comida y sillas para hacer más llevadera la espera. A pesar de la adversidad, hay gestos de apoyo comunitario en medio del dolor de las familias afectadas.
Con la llegada de la noche, las esperanzas de recibir a sus seres queridos se desvanecen, mientras las familias se preparan para un último adiós en un contexto de crisis y sufrimiento colectivo.
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