Las tensiones en Rusia se agudizan debido a una grave crisis de combustible, atribuida a la campaña de drones lanzada por Ucrania sobre su infraestructura energética. Este conflicto ha resultado en una notable escasez de gasolina en el país, ejemplificada por la información de que menos del 30% de las estaciones de servicio tenían combustible disponible el miércoles pasado.
Los problemas comenzaron a ser reconocidos oficialmente por el Kremlin, que admitió por primera vez que la situación es crítica. Las filas de conductores esperando en las estaciones de Moscú son una señal clara de que la crisis está empeorando. La aplicación de monitoreo Gdebenz reportó que la disponibilidad de gasolina en todo el país había caído al 28%, un descenso significativo del 41% apenas una semana antes.
Las autoridades rusas han implementado restricciones severas para mitigar la crisis, incluyendo limitaciones en la cantidad de combustible que un cliente puede comprar, esquemas de números de matrícula alternos y racionamiento basado en códigos QR. Algunas estaciones de Gazprom Neft han impuesto un límite de 40 litros por carga, mientras que Tatneft ha fijado el máximo en 50 litros para gasolina y 60 para diésel.
Este déficit de combustible resulta de ataques sostenidos a refinerías rusas, que fueron alcanzadas en al menos una ocasión cada una desde principios de julio. Los cálculos de Forbes sugieren que más del 50% de la capacidad nacional de refinación ha sido dañada, lo que ha llevado a una producción diaria de gasolina que no alcanza la demanda estival.
El presidente ruso, Vladimir Putin, aludió a la situación como “no crítica”, aunque reconoció que se están sufriendo daños significativos. Sin embargo, incluso con su status como uno de los mayores exportadores de petróleo del mundo, Rusia no ha podido evitar las consecuencias de estas limitaciones.
Para intentar solucionar la escasez, Rusia ha comenzado a importar combustible desde Bielorrusia, Kazajistán y, por primera vez, Marruecos. Sin embargo, muchos de estos envíos no han logrado llegar a los consumidores debido a disputas de precios entre proveedores y el regulador estatal.
Las autoridades han intensificado los controles de precios en un intento de evitar un colapso total, en medio de denuncias de que muchos ciudadanos están enfrentando precios elevados que superan los 100 rublos por litro en algunas regiones. En un giro adicional, el gobierno ha reintroducido combustibles de graduación inferior que habían sido prohibidos anteriormente, reflejando la gravedad de la crisis actual.
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