En octubre de 2006, uno de los símbolos más representativos del poder naval estadounidense, el portaaviones USS Kitty Hawk, se encontraba cerca de Okinawa, Japón, cuando un submarino diésel-eléctrico chino de clase Song emergió a tan solo ocho kilómetros de distancia sin ser detectado. Este episodio generó gran inquietud en el ámbito militar, ya que el submarino logró acercarse notablemente a un buque de guerra de gran tamaño, protegido por una escolta militar específica para enfrentar amenazas submarinas.
Un encuentro inusual
El incidente ocurrió el 26 de octubre de 2006, cuando el USS Kitty Hawk operaba en aguas internacionales. La detección del submarino chino se realizó sólo después de que este se encontraba en superficie, lo que implicaba que, en un contexto bélico, habría podido lanzar torpedos o misiles contra el portaaviones. Aunque la presencia del submarino era alarmante, es importante señalar que el grupo estadounidense no estaba realizando una búsqueda activa de submarinos en ese momento.
La historia del Kitty Hawk
El USS Kitty Hawk, que entró en servicio en 1961 y medía aproximadamente 319 metros, fue un buque clave en varias operaciones durante su carrera, incluyendo intervenciones en la guerra de Vietnam y la guerra de Afganistán. Con un costo equivalente a 2.500 millones de dólares en la actualidad, el portaaviones fue retirado de servicio en 2009 tras 48 años de operaciones.
Vendido por un centavo
A pesar de los intentos de convertirlo en un museo, en octubre de 2021, la Marina de Estados Unidos decidió vender el Kitty Hawk junto al USS John F. Kennedy a International Shipbreaking Limited por un simbólico centavo. Este precio no refleja el valor del barco en sí, sino una compensación para cubrir los enormes gastos de desmantelamiento y descontaminación que la empresa asumió.
Un viaje a la chatarra
En enero de 2022, el Kitty Hawk inició su último trayecto de 30.000 kilómetros hacia Brownsville, Texas, donde fue desmantelado pieza por pieza. Este viaje incluyó rodear el cabo de Hornos, dado que sus dimensiones le impedían transitar por el canal de Panamá. El buque, que años atrás había demostrado la vulnerabilidad de las grandes flotas frente a submarinos pequeños, cerró su historia con una venta que simboliza la complejidad de la logística naval contemporánea.
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