El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, se prepara para las elecciones de octubre con un panorama político complicado. A tan solo dos meses de las urnas, presenta una promesa de “victoria total” que permanece incumplida, en un contexto marcado por el fuerte impacto del conflicto con Hamás.
Desde el ataque de este grupo en octubre de 2023, Netanyahu ha intentado reestructurar la narrativa en torno a uno de los episodios más trágicos de la historia israelí, donde se registraron casi 74,000 muertos. Su meta era convertir el desastre de seguridad en un relato de redención y fortaleza, pero los resultados no han sido favorables. Hamás, que debería haber sido debilitado por la agresión israelí, sigue controlando gran parte de la población en Gaza.
En este contexto, el liderazgo de Netanyahu ha sido cuestionado. Las encuestas revelan que la mayoría de los israelíes ven a su competidor, el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot, como más capacitado para el cargo. Según una reciente encuesta de Maariv, el 49% de los encuestados apoya a Eisenkot, frente al 38% que confía en Netanyahu.
Uno de los factores que complican su reelección es la presión del expresidente de EE.UU., Donald Trump, quien ha impactado la política israelí. Trump ha rechazado públicamente el acuerdo para el desarme de Hamás, lo que ha dejado a Netanyahu en una posición difícil: por un lado, debe mostrar fuerza ante su electorado, y por otro, no puede ignorar la influencia estadounidense.
En los últimos días, Netanyahu enfrentó problemas adicionales, como la presión para mantener el alto el fuego y los crecientes reclamos sobre la falta de respuestas efectivas a las amenazas. La crítica en su contra se ha intensificado, tanto por parte del electorado como de expertos en política, quienes argumentan que ha perdido credibilidad como el responsable de la seguridad de Israel.
Además, su campaña actual carece de logros palpables que destacar ante la población. En lugar de presentar avances, ha basado su estrategia en advertir sobre las potenciales consecuencias de un gobierno opositor, lo que indica una falta de propuestas claras para el futuro. Los temores que despierta la oposición y la narrativa de una amenaza judía han tomado protagonismo en su campaña, aunque el elemento de Gaza sigue presente.
Con el contexto de un conflicto complicado y la desconfianza hacia las promesas realizadas, Netanyahu se enfrenta no solo a la búsqueda de su continuidad en el poder, sino también a los desafíos de una situación geopolítica que se le escapa de las manos.
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