La reciente visita del presidente ruso Vladimir Putin a uno de los disputados archipiélagos de las Kuriles ha desencadenado una respuesta rápida y airada desde Japón. En su publicación en redes sociales, la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, calificó la visita como “absolutamente inaceptable” y reafirmó que las islas, que Tokio denomina como “territorios del norte”, son “territorio inherentemente japonés”.
La reacción de Rusia no se hizo esperar, con el Ministerio de Relaciones Exteriores afirmando que las islas son parte “integral” de su territorio. Esta contradicción remonta a la ocupación soviética que se produjo tras la rendición oficial de Japón en la Segunda Guerra Mundial, forzando a 17,300 residentes japoneses a abandonar el área en el transcurso del año siguiente.
Putin recorrió diversas instalaciones en la isla de Iturup, que Japón conoce como Etorofu. Su visita tuvo lugar apenas dos días antes del 81.º aniversario de la rendición de Japón, lo que muchos analistas consideran una maniobra deliberada para enviar un mensaje contundente al gobierno japonés. James Brown, profesor de relaciones internacionales en la universidad Temple de Tokio, sugirió que la acción de Rusia está motivada, en parte, por el descontento con la postura de Tokio respecto a Ucrania y sus vínculos más estrechos con los miembros europeos de la OTAN.
Históricamente, Japón ha buscado recuperar el control de estas islas, un tema que ha enturbiado las relaciones bilaterales y que ha impedido que ambas naciones firmen un tratado de paz formal. La caída de la Unión Soviética y los desafíos económicos subsecuentes habían ofrecido a Japón la esperanza de negociar el retorno de las islas, pero esos intentos han fracasado, especialmente tras la enmienda constitucional de Rusia en 2020 que prohíbe ceder territorio a potencias extranjeras.
En este contexto, Toshimitsu Shigemura, profesor de política en la Universidad Waseda, añadió que las recientes acciones de Putin son un golpe adicional a las ambiciones japonesas sobre el territorio. Aunque Japón ya ha convocado al embajador ruso para presentar una protesta diplomática formal, las sanciones impuestas a Rusia por la guerra en Ucrania complican la situación.
Shigemura también sugirió que el Kremlin, en coordinación con China y Corea del Norte, busca debilitar a la primera ministra Takaichi justo en un momento en que su apoyo interno está disminuyendo. La combinación de un nacionalismo en aumento y la retórica estatal hace que cualquier posibilidad de retorno de las islas parezca distante.
Expertos coinciden en que cualquier cambio en el liderazgo en Rusia no alterará la postura sobre las Kuriles, sugiriendo así que el panorama actual de las relaciones entre Japón y Rusia permanecerá complejo y problemático en el futuro.
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