San Martín despertó el 17 de agosto de 1850 con una tranquilidad que no hacía suponer que sería su último día. Tras un desayuno sin repugnancia, se acomodó en el sofá de su hija, Mercedes, pidiéndole que leyera para él. A sus 72 años, el Libertador había compartido una vida de victorias, pero también de dolor familiar, tras haber dejado Argentina 26 años antes.
Su salud, debilitada por años de problemas digestivos, se agravó la tarde de su fallecimiento. A las dos, San Martín sufrió violentos espasmos estomacales que lo llevaron al borde de la muerte. En un momento de lucidez, le dijo a su hija: “Mercedes, esta es la fatiga de la muerte”, mostrando su deseo de protegerla al pedir que la retirasen para evitarle la agónica despedida.
Poco antes de morir, comentó a su médico que se sentía como en medio de una tormenta, una metáfora de su estado final. Pasada la tres de la tarde, el Libertador expiró sin un prolongado sufrimiento, rodeado por su familia en Boulogne-sur-Mer, donde había encontrado cierta paz intelectual.
Durante mucho tiempo, su muerte fue atribuida a diversas enfermedades hasta que en 1982, el médico Mario S. Dreyer propuso que fue un shock hemorrágico por una úlcera duodenal lo que causó su fallecimiento.
San Martín murió alejado de su tierra natal, pero su memoria permanecía viva en su corazón, particularmente en sus pensamientos sobre Mendoza, la tierra que había amado y donde su génesis como líder había comenzado. Su sable, símbolo de su lucha por la independencia, colgaba aún en la pared de su dormitorio, recordando que, aunque se encontraba lejos, nunca dejó de ser el Libertador de su pueblo.
Artículos Relacionados
El empleo privado en Argentina alcanza su nivel más bajo en 50 meses
13/9/2026
Trump advierte sobre un posible conflicto en Malvinas y sugiere intervenir
13/9/2026
Rematan artículos de Garbarino tras su quiebra: bases desde 80 mil pesos
12/9/2026
Fundición San Cayetano en concurso preventivo con deudas por más de $34 mil millones
12/9/2026