En agosto de 1977, la sonda Voyager 2 fue lanzada con el objetivo de explorar los planetas gigantes de nuestro sistema solar y, eventualmente, adentrarse en el espacio interestelar. Casi 49 años después, continúa enviando datos desde regiones inexploradas. Sin embargo, su misión enfrenta un desafío importante debido a la reducción de energía disponible para sus sistemas.
Recientemente, la NASA anunció que ha podido extender la operatividad de la Voyager 2 gracias a una modificación técnica conocida como “Big Bang”. Esta intervención consiste en apagar ciertos equipos y recurrir a alternativas de menor consumo, lo que permitirá mantener tres de sus instrumentos científicos funcionando al menos durante un año más.
Desafíos Energéticos de la Voyager 2
La Voyager 2 emplea generadores termoeléctricos de radioisótopos (RTG), que convierten el calor de la desintegración del plutonio-238 en electricidad. Con el tiempo, la eficiencia de estos generadores disminuye, resultando en una reducción de aproximadamente 4 W de potencia eléctrica cada año. Dada la imposibilidad de recargar la nave, la NASA ha implementado una serie de decisiones ingeniosas para maximizar el tiempo de operación de la sonda.
Historia de Ahorro de Energía
Desde 2019, la agencia ha tomado medidas significativas, como desconectar el calentador de su sistema de rayos cósmicos, lo que ha permitido seguir recibiendo datos pese a las bajas temperaturas. Además, se comenzó a utilizar una reserva de energía que se mantenía para circuitos de protección, lo que ha logrado un prolongamiento en la recolección de datos.
La intervención “Big Bang” es parte de esta estrategia más amplia. Aunque la Voyager 2 ha perdido varios instrumentos a lo largo de los años por apagones temporales y degradación, actualmente se mantienen activos el Cosmic Ray Subsystem (CRS), el Magnetometer (MAG) y el Plasma Wave Subsystem (PWS).
Comparación con Voyager 1
La Voyager 1 enfrenta un dilema similar, y la NASA prevé aplicar ajustes análogos a esta sonda en los próximos meses. Aunque las decisiones de apagado no siempre coinciden en ambas naves, el objetivo es común: optimizar el uso de la energía residual.
A pesar de las limitaciones, la Voyager 2 seguirá su trayectoria por el espacio interestelar. Se estima que en unos 40,000 años pasará cerca de la estrella Ross 248, aunque eventualmente dejará de comunicarse con la Tierra. La intervención reciente ha retrasado este momento, permitiendo que sigamos recibiendo información valiosa mientras la sonda continúa su exploración en silencio.
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