Científicos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) junto con el Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (Cemic) han desarrollado un modelo innovador que permite predecir el riesgo de rechazo e infecciones en pacientes trasplantados de riñón. Esta herramienta se basa en la medición de un virus inofensivo denominado Torque Teno Virus (TTV), que, aunque no causa enfermedades, refleja el funcionamiento del sistema inmunológico de cada paciente.
La necesidad de equilibrio tras el trasplante
Después de recibir un riñón trasplantado, los pacientes deben mantener un delicado equilibrio en el uso de medicamentos inmunosupresores. Estos son esenciales para evitar que el sistema inmunológico rechace el nuevo órgano, pero si se utilizan en exceso, pueden aumentar el riesgo de infecciones. Este equilibrio es uno de los principales desafíos en el seguimiento posterior al trasplante.
Según Marcela Echavarría, investigadora del Conicet y directora de la Unidad de Virología de Cemic, el TTV actúa como un “inmunómetro”. A través de la medición del virus en sangre, se puede identificar si un paciente está adecuadamente inmunosuprimido, lo que mejora la capacidad de personalizar el tratamiento.
Resultados del estudio
Durante un estudio realizado entre 2018 y 2022, se evaluaron 130 pacientes adultos trasplantados en el Cemic. Los investigadores analizaron 871 muestras de plasma y descubrieron que el 36.6% de estos pacientes experimentó episodios de rechazo clínico o subclínico, mientras que un 55.4% sufrió infecciones. Lo más destacable fue que al combinar la carga viral del TTV con otros datos clínicos, el modelo mostró un valor predictivo negativo del 98% para el rechazo y superior al 94% para infecciones.
Futuro del modelo
Aunque esta herramienta promete mejorar el pronóstico y manejo de los pacientes trasplantados, los expertos enfatizan que no sustituirá a las herramientas de control actuales, como biopsias y análisis de función renal. El siguiente paso será validar este modelo en grupos de pacientes más grandes y verificar si su implementación puede efectivamente reducir la incidencia de rechazos y complicaciones infecciosas. Como concluye Echavarría, “el objetivo no sería reemplazar las herramientas que utilizamos hoy, sino complementarlas”.
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